Uno de los cambios mas urgentes que la sociedad debe poner
en marcha es la manera en la que nos referimos a estas personas. Sería
conveniente aplicar estas orientaciones que nos citan varios autores:
Para empezar, no debemos usar los términos MINUSVÁLIDOS, DISMINUIDOS,
DEFICIENTES… Son horribles esas palabras. ¿Menos válidos? ¿Disminuidos y
rebajados? ¿Estropeados y deficientes…? No. A nadie hemos de nombrar con esos calificativos. Desde 2001 la OMS propuso su desaparición.
Han pasado muchos años. Ya es hora de cambiar.
Otro de los puntos importantes que debemos tener en cuenta cuando nos queramos referir a una persona con unas
características diferenciales desde cualquier punto de vista y que eso conlleve
la necesidad de unos recursos complementarios para darle respuesta social o
educativa, se nos recomienda el término PERSONA CON DISCAPACIDAD. Ni tan
siquiera “discapacitado”, entre otras razones porque esto supone una
sustantivación que desde 1980 se advirtió su incorrección. A nadie le gusta ser “culona”, “narizuda” o
“gordo”. En todo caso somos personas con el trasero grande, con la nariz grande
o con kilos de más. Lo primero, persona. Luego el calificativo, la compañía, la
discapacidad o lo que se quiera.
Por último, además de las advertencias anteriores sería importante que
los verbos PADECE, SUFRE… nunca los utilicemos para decir lo que le ocurre a
alguien. NUNCA DIREMOS: “ese niño padece una parálisis cerebral” No.
Mejor diremos “ese niño TIENE una parálisis cerebral” Cuando yo tengo
una gripe, me siento mal si oigo decir a alguien: “esa mujer sufre o padece una
gripe”… Solo de oírlo, nos ponemos peor.
Aunque parecen aclaraciones insignificantes, cambiando estos términos, cambiaremos muchas de las diferencias que la sociedad ha puesto en medio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario